Vecinos de Picaihua recuperaron la cancha abandonada en cuatro mingas
Donde había maleza y escombros ahora juegan los niños. El trabajo se hizo con palas prestadas y almuerzo compartido.
La cancha llevaba años cubierta de maleza. Cada vecino se quejaba por su lado, hasta que alguien pegó un papel en la tienda: el domingo, minga.
Llegaron con palas, carretillas y una olla grande. En cuatro domingos sacaron los escombros, emparejaron el suelo y pintaron las líneas.
Lo que quedó además de la cancha
El lugar volvió a llenarse por las tardes, pero el cambio más grande fue otro: gente que llevaba años viviendo a dos cuadras se conoció ahí.
El siguiente domingo ya tiene destino: las bancas para que los abuelos puedan mirar los partidos.
Nota de relleno: esta historia es inventada para mostrar cómo se verá el sitio. Se borra antes de publicar.