Un club de ajedrez en el parque reúne a abuelos y nietos cada tarde
Una mesa de cemento y dos tableros bastaron para que varias generaciones empezaran a retarse después de la escuela.
Todo comenzó con un jubilado que llevaba su tablero al parque para no jugar solo. Un día, un niño le preguntó cómo se movía el caballo.
Hoy hay dos mesas ocupadas cada tarde. Los mayores enseñan paciencia, los pequeños devuelven la velocidad y nadie se enoja por perder.
Sin apuro y sin celular
La única condición es guardar el teléfono mientras dura la partida. A los niños les costó una semana. Ahora les gusta.
El grupo prepara su primer torneo de barrio, con premios de fruta.
Nota de relleno: esta historia es inventada para mostrar cómo se verá el sitio. Se borra antes de publicar.