Madrugar para correr: el grupo que sube a Pinllo cada sábado no deja de crecer
Empezaron cuatro amigos. Ahora son decenas de personas de todas las edades que comparten la cuesta y el desayuno.
A las seis de la mañana del sábado, mientras la ciudad duerme, un grupo se junta al pie de la loma. No hay inscripción, ni uniforme, ni premio.
La regla la pusieron los fundadores: nadie sube solo. Quien va más rápido baja a buscar a quien viene atrás, y arriba se espera a todos.
El premio es la vista
Desde lo alto, con el aire frío y el Tungurahua de frente, cada quien saca lo que trajo para compartir: pan, fruta, café en termo.
Varios llegaron por recomendación médica y se quedaron por la compañía.
Nota de relleno: esta historia es inventada para mostrar cómo se verá el sitio. Se borra antes de publicar.