Una biblioteca cabe en un triciclo y recorre los parques del sur los domingos
Sin carnet ni fecha de devolución: quien toma un libro solo promete contarle a alguien de qué trata.
Los domingos, un triciclo cargado de libros se estaciona bajo un árbol. No hay fichas ni multas. La única regla es contarle a otra persona lo que se leyó.
La colección salió de donaciones de vecinos. Hay cuentos, novelas, enciclopedias viejas y manuales de todo tipo.
Los libros vuelven solos
Sus promotores temían quedarse sin ejemplares en un mes. Pasó lo contrario: la gente devuelve lo que toma y trae otros de su casa.
Ya piensan en un segundo triciclo para llegar a otras parroquias.
Nota de relleno: esta historia es inventada para mostrar cómo se verá el sitio. Se borra antes de publicar.