Tres hermanas de Izamba convirtieron la mora que sobraba en una marca de mermeladas
Empezaron con una olla y la cosecha que no alcanzaban a vender. Hoy sus frascos llegan a varias tiendas de la ciudad.
Cada temporada pasaba lo mismo: la mora maduraba de golpe, el mercado se llenaba y parte de la cosecha terminaba en el suelo. Tres hermanas de Izamba decidieron que eso no iba a seguir así.
Probaron la primera receta en la cocina de la casa, con la olla de la abuela. Regalaron los frascos a los vecinos y pidieron una sola cosa: que les dijeran la verdad.
De la cocina a la tienda del barrio
Con esas opiniones ajustaron el dulce, diseñaron una etiqueta sencilla y tocaron puertas. La primera tienda aceptó una docena a consignación. Se vendió en una semana.
Ahora compran la fruta a otras familias de la parroquia, que antes tampoco sabían qué hacer con lo que sobraba.
Nota de relleno: esta historia es inventada para mostrar cómo se verá el sitio. Se borra antes de publicar.